Sé que durante éstos días no he actualizado, y lo siento mucho porque soy consciente de que muchos de vosotros miráis mi blog constantemente para ver si hay alguna novedad... He tenido una semana difícil a pesar de que a duras penas hayáis visto mi estado emocional variado, pero es que cuando hago una promesa a alguien la cumplo hasta el final por muy duro que sea.
Password, confío en tu palabra.
He estado pensando muchos modos de hacer ésta entrada, primero queriendo explicarlo todo al detalle y más tarde probándolo de un modo mucho más visual porque sabía que muchos acabaríais por aburriros leyendo una larga historia sobre cómo tuve, quise y perdí a una de las personas más impresionantes que han pasado por mi vida: Rau.
O Raúl, en realidad, pero la costumbre de llamarlo así nadie nos la quitaría... Ni nos la va a quitar, porque a veces nos gusta creer que era nuestra forma especial de hacerle rabiar por querer ahorrarnos una ele: aunque siempre se acababa riendo y, como un padre, me besaba la frente diciéndome palabras que me hacían sonreír durante todo el día.
Desgraciadamente su voz se apago a principios de enero y, definitivamente, hace unos dos meses su corazón dejó de latir con esas melodías que entrelazaban palabras que ya nadie utiliza - justicia, libertad, honor... - con proyectos de futuro. Creo que es una explicación escueta pero bastante gráfica sobre lo que siento mientras voy escribiendo esto para poder desahogarme un poco sobre todo lo que ha acontecido en mi vida.
En nuestra vida, porque también he pasado éste mal trago con su mejor amigo.
Por eso hoy vengo a mi cielo con una sonrisa desgastada sobre los labios mientras miles de estrellas se derraman por los ojos tristes de una niña con muchos sueños rotos clavados en el corazón, escondiendo los brazos tras la espalda a la par que formulo un perdón bajito, porque no quiero que te enfades conmigo por incumplir la promesa que te hice de no llorar... Al menos me tomaré la molestia de fingir que lo hago de alegría porque, oh, cumples - cumplirías... Duele, joder - veintidós años.
Feliz cumpleaños, héroe
No me he olvidado de que lo más normal en el cumpleaños de cualquier persona es tener un bonito detalle con ésta comprándole un regalo: yo, que soy medio pobre, no voy a llevarte flores al cementerio como mi valiente Marco, pero sí que he querido hacerte un dibujo de Korinne. Un dibujo que me confesaste que soñabas con ver porque la criaste como tu propia hija, y soy consciente de que la mimaste como tal.
Gracias por no dejarme abandonarla y creer en ella - como Emperatriz o como Tsukiyomi - hasta la extenuación.
◇◆☆彡◇◆☆彡◇◆☆彡◇◆☆彡◇◆☆彡◇◆☆彡◇◆
Porque sé lo que se siente cuando estás sola y eres invisible para los demás...
Gracias por creer en mi.