El sendero era extenso como un mar, de color negro tizón que se asemejaba a la oscuridad más profunda... De la tierra mustia en la que ni el mejor arador sería capaz de hacer que creciera una simple mata, brotaban ágiles lenguas de fuego como si fueran flores en plena primavera: cada vez que éstas llamas se alzaban lo suficientemente alto, los ojos chocolate de la chica que iba al frente de la pequeña compañía relucían en suave rojo.
Las tierras del infierno no son agradables ni para los demonios.
Cuando las pesadas botas de cuero se detuvieron, el joven que iba inmediatamente detrás - de larga cabellera negra como el ala de un cuervo y un rayo rubio cruzándole el flequillo - se arrodilló apresuradamente con una débil reverencia. Tuvo que hacerse daño al clavar una de sus rodillas sobre la tierra negra, pues era dura como el diamante, pero no emitió ningún sonido para probar aquello.
- Kyo... - llamó ella en un breve susurro, y el chico cerró los ojos más fuerte.
Sus candorosas manos le acariciaron el rostro de porcelana hasta que le hizo alzar la cabeza para mirarla a los ojos, los de éste eran dos gotas de sangre recién derramada salpicadas sobre su cara... La castaña se arrodilló de igual manera - aunque algo menos brusca - para besarle con amor la frente.
- Mi ama.
- ¿Por qué el cielo no se tiñe de verde?
Impresionado ante la pregunta, ladeó el rostro tratando de comprender lo que su señora le decía, y tras haberlo meditado durante largos minutos, la reencarnación de los Siete Pecados Capitales solo pudo encoger brevemente los hombros. Un suspiro escapó de la boca de ella, dispuesta a hacerle comprender.
- Cuando amanece es entre rosado y violáceo, azul de día, anaranjado al atardecer y rojo justo cuando el sol se esconde tras las montañas - cogió un poco de aire, sonrió - Plateado los días de lluvia, negro en la noche más cerrada... Es de todos los colores del mundo, ¿por qué no verde?
- No lo sé, mi señora...
- Porque, aún, nadie ha pintado el cielo de ése color para mi.
Varios años habían pasado ya desde que el señor de los Siete Pecados Capitales se hubiera quedado sin palabras ante la pregunta de la Reina, y aunque la capital del infierno seguía plagada de la escoria que su señora detestaba, ésta parecía haber olvidado la dichosa pregunta que lo había colocado en jaque mate... Sus pasos veloces se dirigían hacia el castillo negro cuando un chasquido, sonoro para sus desarrollados sentidos, le hizo alzar la cabeza.
Sus ojos rojizos se abrieron en gesto de sorpresa, mientras el color marrón que tenía el cielo del infierno - a causa de la contaminación del aire - se iba coloreando poco a poco se verde... Boquiabierto, dirigió su mirada hacia la balconada dónde una gigantesca guadaña, de color puro, se alzaba entre la oscuridad de la construcción.
...Suspiró tranquilo.
- Mi señora, aquí tenéis vuestro cielo.
Ay, que dibujito mas lindo ⌒∇⌒ ~
ResponderEliminarMe ha gustado mucho el escrito, pequeñita, y espero verte conectada pronto para hablar lo que tenemos entre manos~ \(●゜∀゜●人●゜∀゜●)/ ¿somos o no somos mentes perversas? ヽ(*´▽`) Aunque tu no sabes aun nada de mis crueldades.
Hasta luego~
Que cosa mas dulce, por favor ;/////; y adoro a Kyo version demoniaca <3 da un poco de cague porque es mas peligroso, pero me pirra ~
ResponderEliminar"Si el infierno fuera como el cielo, no existiría el yin y al yang, ni el bien ni el mal ni la luz sin oscuridad. Ni las cosas serían diferentes de otras, ni nada cambiaría de parecer. Las cosas son como son por alguna cosa y los sabios dicen que nada las puede cambiar. Están así predestinadas y el destino es caprichoso con lo que quiere, y muy celoso...
ResponderEliminarPero ella quería que el cielo se volviese verde.
-No vas a poder entrar ahí.
-Tienes que dejarme pasar, Tashi...
El feroz perro negro de tres cabezas no tomó forma humana cuando ella pronunció ese nombre, pero en un signo de sumisión, las agachó.
Ella se acarició tras una oreja e inclinó la cabeza central. Las cadenas rechinaron contra el frío metal de las otras, pero las cerraduras no cedían.
-Tengo que hacerlo por ella...
-Tu padre logró salir, pero tu no eres como él.
Se estremeció, porque ya lo sabía.
Nunca iba a poder ser como él aunque tuviera su sangre, no era ni tan fuerte, ni tan valiente, y de hecho aquel sitio le daba miedo.
-Puede que no lo sea, pero si que estoy haciendo lo que él hizo.
-Dilo, y te dejaré pasar.
-...He venido a salvar a la persona que amo.
Y es cuando el perro abrió la puerta y ya cuando la muchacha ojiverde entró, poco después la guadaña brilló y el cielo, se empezó a tornar verde...
Lo demás, es historia."